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El
video era de doble penetración, una preciosa rubia que gritaba y gemía
al verse atacada por dos enormes pollas negras dentro de su ano, para
salir después y dilatar su vagina, las dos juntas siempre, a ratos
compartiendo agujeros y otras veces no, cada una por su lado, pero
dejando un inmenso vacío cuándo se retiraban de su posición.
Yo estaba feliz de la vida, tocándome
minuciosamente, viendo el video boca abajo y acariciando rápidamente mi
clítoris. Cuando me hube corrido por primera vez, usé mis propios jugos
de lubricante y asalté mi vagina con dos dedos, que entraban y salían
con fuerza y rapidez.
En el video, se veía la expresión de la
rubia, con una cara deformada porque las manos de sus amantes abrían su
boca para que gritara más, y que se excitara más, ya que se creaba la
ilusión de tener algo dentro, y parecía hambrienta.
No me fijé mucho en el volumen de mis
gemidos, que a mi parecer, no eran muchos ni altos, pero pronto escuché
unos pasos. Sabía que era mi papá, puesto que nadie más estaba despierto
a esas horas, y apagué el iPod. No quité la mano de donde estaba,
puesto que todavía quería terminar. Conforme más cerca escuchaba los
pasos, más me excitaba, más rápido iba y más gritaba, teniendo la
esperanza de que mi papá llegara, me viera en una posición muy
apetecible y tuviera una erección en ese instante, al ver el momento.
Levanté un poco el trasero y quité la sábana de encima, para ser de más
fácil acceso, además de que moví mi panty a la izquierda, para que
observara todo y le dieran tantas ganas que se arrojara sobre mí, y sin
pensarlo, me la metiera y bombeara una y otra vez, que me hiciera suya y
que terminara dentro de mí, haciéndome sentir dichosa, penetrada,
dominada y con un pensamiento excelente para poder dormir...
Pero lamentablemente, nada de eso pasó.
¡No me agreguen si sólo piensan en que pueden conseguir cybersexo conmigo!
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