|
Hace un par de meses tuve que viajar por negocios a Brasil (más precisamente, a Río)Sexo, sexo... en el ombligo de la lujuria: Río, bah!Lisa y llanamente una cagada, no hay otro calificativoque exprese más claramente, la decadencia que vive esaciudad, otrora la capital del turismo mundial, y porconsiguiente un coto de caza espectacular, para tiposcomo yo, que lo único que piensan es en coger (apartede laburar, a eso fui).Lleno de atorrantas de la calle, y "traviesos"(travestis), que me imagino deben acarrear con ellos 2ó 3 plagas más que las 7 egipcias.En fin... promediando mi estadía, y con un embole deaquellos, estaba en la playa (contaminada y sucia comodebe ser)de Ipanema, tirado al sol,
El solecitocalentaba, y mi pijita lo notaba. Yo, ojos cerradosdivagando, cuando escucho voces en español, síargentinas!: las más brígidas y culo roto del mundo. Eran 3: una gordita con un hermoso par de tetas y unculo enorme, otra no muy linda de cara pero un lomo dediosa, y por último la muñequita, más flaquita, no tanampulosa, pero con una carita divina. Este diagnóstico hecho con los ojos semicerrados,espiando y haciéndome el dormido. Pusieron sus toallasy se sentaron delante y por debajo mío (Deboaclararte, por si no conocés, que ahí la playa tieneun buen desnivel y baja bastante). Justo para darles,con un poco de astucia, un buen primer plano, sino detoda la verga, al menos de la cabeza, que en mi casono es poco decir.Mi traje de baño es grande tipo bermudas, por razonesobvias.Miradas superficiales de asco, primero, como diciendootro boludo brasileño más. Un poquito más tarde,después que inspeccionaron los alrededores, nuevamentechocaron sus ojitos inyectados en flujo (lo huelo, lohuelo), conmigo. Para ese entonces hacía todos losesfuerzos posibles para despejar mi cabeza de las trescaipiriñas que me había tomado la noche anterior,concentrándome en los efectos que el sol que mecalentaba la pija hacía, para que se me parara unpoquito.Finalmente lo iba logrando, y con un buen movimientode piernas logré, que la cabeza de la pija, estuviesecasi asomándose, por el pantalón.Risitas, y voz baja, de "mirá que zodape", "el locoese es todo pija", etc etc.Me incorporé, enfilé para el agua y cuando pasé allado de ellas les dije en mi más claro cordobésnativo: buenos días, chicas, se extraña Argentina?.Bueno no te voy a contar toda la sanata. Lo cierto quedespués de almorzar, todos juntos, teníamos una ideaprecisa de que nos íbamos a ir a coger. Yo no teníamuy claro si con las tres o con quien, pero me latíala pija de la emoción, y continuamente me mojaba elpantalón con una gotita de leche diluída.El hotel de ellas era el Luxor Copacabana, y estaba ala vuelta del mío. Convinimos que era el mejor, porquees más grande y se podía pasar más desapercibido.Caminamos hasta allá (un buen trecho), entraron ellasprimero, y después tomé yo el ascensor hasta elséptimo, donde estaba la habitación de ellas.Entré, la gorda ya estaba en bola y la mosquita muertatambién, la diosa acomodaba el quilombo descomunal quehabía en ese cuarto.Cuando la pelé, casi se desmayan, creo que no solonunca habían visto una pija tan grande, sino quetampoco se imaginaban que podía existir.La gorda me la empezó a chupar como si fuera uncaramelo, confieso que era buenísimo, me acosté en elsuelo (siempre con la gorda prendida), para poderchuparle la concha a la diosa que estaba acostada enla cama. La criatura mientras tanto se mataba con unconsolador, le dije que se acercara y comencé ametérselo en el culo. No pude aguantar, a pesar depensar en mi profesor de historia de tercer año, y leacabé en la cara, sorprendentemente, la diosa se tiróencima de la gorda... y la empezó a coger, besándola ychupándole la leche que le quedaba en los ojos y en elresto de la cara. Yo estaba nuevamentemaravillosamente dispuesto, y la agarré a la diosa alcruce, y le empecé a puertear el culo, la gordachillaba, no se si porque la quería ella primero, oporque la aplastábamos entre los dos.Se la metí, todo lo que pude (sin violencia, pero confirmeza), pareció que se congelaba la mina, y comenzóa moverse y acabó con una rapidez que me sorprendió.Se la saqué porque noté que le salía sangre. Me lavé, y después de chuparle el culo a la criatura,se la metí en la concha a la gorda, que a esa alturase incendiaba de la calentura que tenía.Tengo que confesar que fue mi mejor concha de losúltimos tiempos: grande, jugosa y caliente. Recibíalos bombazos, y acompañaba, con su culo y con todo sucuerpo. Mi segundo polvo es largo. La gorda moría, yole metía dos dedos en el culo, para preparar elterreno ( esa insana obsesión...), y acabó, gritó comouna yegua, se retorció, qué polvo!!! Yo la saque inextremis, porque te confieso que con el calor y laatmósfera opresiva, no me sentía capaz de tres polvos,y no quería irme sin metérsela a la criatura.Con la crema de la gorda, todavía en la pija,arrodillé a la criatura en la cama, y de paradocomencé a jugar con su culito. Yo venía ya con muchasganas de acabar, después de algunas interrupciones, sela metí, pero no llegué ni a 10 cms, le dolíahorrores, se la saque a pesar de las protestas deella. Me senté en una silla y se tiró encima mío conlas patas bien abiertas, pensé: "bueno si ella loquiere" y me concentré en mi polvo, mirando de reojocomo se mataban la gorda y la diosa, que me parece,eran tortilleras de alma.Exploté adentro de la criatura, con tanta fuerza quese levantó un poquito, al sentir la leche caliente.Lloraba y me dijo que hacía tres meses que no cogía, yque se la dejara adentro, hasta que se muriera.Me fui, después de intercambiar direcciones deArgentina (yo viajaba al otro día). y aquí estoy contres muescas más en mi revólver, y con una promesa devolver a culeármelas en cuanto pueda, a las tres.
|