suscribite!! y enterate todas las novedades!
keep in touch
Argentina Escorts Argentina Acompañantes Argentina Rubro 59 Argentina | Escorts Mujeres | Escorts Masajistas | Escorts Masajes | Escorts Traviesas | Escorts Travestis | Shemale Escorts | Fantasias | Escorts Hombres | Escorts Masculinos | Escorts Acompañantes | Rubro 59 | Mujeres Streapes |Escorts Streapers | Nivel Vip | Escorts Fotos Reales | Escorts Recomendadas | Ranking de Escorts | Guia de Hoteles | Chicas | Modelos | Información | Notas | Relatos |
Home
Escorts
Ranking
Buscador
Hoteles
Notas
Relatos
Links
 
Relatos


2007-05-11 - Potoki: MIS JUEGOS CON NATALIA « Volver


Mis juegos con natalia.

Aquel día, recién acabado los exámenes iba a ver a mi ex-novia. Quizás debería haber ido a cualquier otro sitio en busca de una compañía más cálida, pero deseaba volver a verla. Creo que es normal que uno busque recuperar a una antigua novia. Ella me encantaba y tenía un cuerpo fenomenal, pero era un poco rara y al final ella quiso cortar. Decía que ella no quería ir tan rápida, que gracia, ahora que lo pienso.
Tenía un presentimiento de que algo iba a fallar y no iba a poder hablar con ella. Como temía algo paso, pero, curiosamente, fue algo muy distinto y maravilloso. Cuando me abrieron la puerta apareció Natalia, su hermana. Debía de hacer mucho tiempo que no la veía pues me parecía que se había desarrollado bastante, de ser una niña chica molesta ahora requería toda mi atención. El mayor cambio era su busto, ahora mayor que el de su hermana. También había crecido en altura y su cara había perdido niñez para ganar belleza. No alcanzaba la belleza serena de su hermana, pero en conjunto es una chica muy atractiva y que moviliza a los chicos. Su color de pelo y de piel son más oscuros que los de su hermana, de color nata y rosadas mejillas y su pelo castaño-rubio.
Me dijo que su hermana se estaba duchando, pero que pasara y esperara. Le pegue una voz a su hermana y me respondió con un: "Espera cinco minutos". Bueno, ya me había acostumbrado a esperarla. La casa de mi chica, que se llama Mayra, era uno de esos pisos grandes del centro, viejos y cargados de objetos, con la poca iluminación que se filtraba a través de unas persianas. Siempre había estado ese piso a oscuras.
Natalia me invito a sentarme en el sillón, delante del televisor. Había puesto uno de esos morbosos programas de testimonios presuntamente reales, nada interesante. Fue a su cuarto y volvió con una cinta de video en la mano.- Es una película que estaba viendo, no te importa que la ponga, ¿no?.- Creo que debí asentir, pero ella ya había introducido la cinta en el video y cogiendo el mando a distancia la puso a correr. Se acerco a mí y miramos a la pantalla. En el televisor tras un par de segundos de espera apareció una escena en la que dos chicas vestidas de cuero rodeaban a una tercera, acariciándola y despojandola de su ropa. Le habían desabrochado los últimos botones de su blusa y tras quitársela empezaban a manosearle los senos a través del sostén.
-Voy a sentarme.- Dijo Natalia con voz temblorosa. Pero fue a sentarse sobre mis piernas y adentrando su trasero fue a ponerlo sobre mi entrepierna. Rápidamente intuí lo que se proponía, pero era tan increíble que no sabía como responder. Pero ella, en su último acto antes de que yo tomara el mando, empezó a moverse adelante y atrás. Mi miembro, que ya estaba excitadísimo, empezó a protestar bajo mis slips. En la película, una chica pasaba sus manos por debajo de la falda de la otra chica mientras la tercera hacía chocar sus pechos. Pero yo ya no prestaba atención a la película, la presión había exaltado mi sangre que se bombeaba toda hacia mi miembro. Pero aún más me excito el calor que desprendía, digno del mismo infierno. En un intento desesperado por que mi nueva amiga parara alce mis manos a los pechos y los estruje bajo la blusa.
Ella se levantó estirándose y bajo parando su movimiento. Yo reaccione echándole un brazo por la cintura para retenerla y con la mano libre me dirigí hacia sus piernas.
-Ves la película, te voy a meter la mano bajo la falda. Mayra saldrá pronto de la ducha, pero quizás podamos hacer algo. - Conduje mi mano un poco más arriba de la rodilla, ella temblaba. Acaricie un poco su pierna y subí hacia su muslo interno donde le empecé a devolver su juego. Mis caricias hacían su efecto y me rogó que le acariciara el coño. Subí mi mano y palpe sus braguitas, de fino algodón que dejaban traspasar el tacto de los pelos de su pubis.
-¿Cuántos años tienes?¿Quince?
-Sí.
-Voy a meterte la mano bajo las bragas. - En la película las dos chicas ya habían despojado de su falda a la otra chica, solo le restaba un tanga, pero yo no podía hacer eso con su hermana a punto de salir de la ducha. Mi mano buscó el elástico y lo supero, introduje mi mano en su frondoso bosque
. Baje hasta la obertura de su vagina y lo acaricie.

-¿Eres virgen?
-Sí, ningún chico me dura más de unas semanas.
-¿Pero te habrás metido los dedos?
-Claro, pero solo uno.
-¿Notas mi polla bajo tu cuerpo? Esta tan grande por ti. Mira la tele, - en esos momentos una chica besaba a la joven iniciada mientras la otra la masturbaba con un dedo, luego introdujo dos. - ¿quieres que te haga lo mismo?
-Sí, rápido.
Introduje mi dedo corazón en su cuerpo, a pesar de que no lo había humedecido con mi saliva su vagina estaba tan lubrificada que penetro sin mucho impedimento. Conforme movía mi dedo ella empezó a moverse volviendo a golpear contra mi miembro. Por unos momentos hicimos un dueto perfecto.
Pero como tenía que ocurrir se oyó la voz de mi ex-novia anunciándome que ya se estaba secando. Ella se levantó de un salto mientras yo recupere mi mano como pude. Fue hacia el video y recupero la cinta. Yo ya sabía que ella quería más y pensaba como podíamos reunirnos. Ella misma me lo confirmó. Volvió con la cinta hacia mí e inclinándose me beso. Yo separe mis labios, ante todo quería darle un mensaje.
-He venido con mi coche. Voy a despedirme de tu hermana y quiero que bajes dentro de cinco minutos. Dirle que pasarás el resto de la tarde en casa de una amiga.
Ella sonrió y yo la bese. Le pase la mano debajo de la falda y la apreté contra sus braguitas. La bese fuertemente durante unos largos instantes y luego la deje. Ella corrió a su cuarto y cerro la puerta. Apenas yo lamía e introducía en mi boca el dedo que había estado dentro de su cuerpo, Mayra salió del cuarto de baño, con una toalla reliada sobre la cintura y diciendo tonterías. Quizás quisiera romper el hielo que ella misma había dejado crecer entre nosotros, pero inmediatamente invente una excusa para irme pronto.
Le dije que tenía prisa porque había quedado con una chica para ir al cine y que había ido no para hablar, sino para que me diese un compact porque esa chica me lo había pedido. Ella comenzó a buscar el compact y a hablar sobre que película ibamos a ver y de como le había parecido aquella. Para quitarmelo de encima le dije que la llamaría por la noche y ya hablaríamos de todo, pero que ahora me tenía que ir. Naturalmente se quedó muy sorprendida, pero conseguí que dejara de acosarme. Tardé medio minuto más en salir del piso y llegue hasta mi coche. Entre y tire el compacto por el salpicadero. Mire el reloj y comencé a esperar. El hinchazón de mi entrepierna comenzaba a bajar y yo comencé a preguntarme que pasaría, si ella bajaba estaba claro y si no también, tendría que calmarme ese picor por mis propios medios.
Normalmente aguanto bien las esperas, pero esos minutos fueron los más largos de mi vida. Vi la farmacia de enfrente y comencé a pensar si debía ir o no a comprar unos preservativos. Continuamente miraba por el retrovisor hacia el portal del edificio hasta que por fin surgió con su ropa de colegiala. Buscó mi coche y cuando lo encontró vino directa. Se monto en el coche y arranqué incorporandome a la circulación.
-Vamos a mi casa, estaremos tranquilos durante unas horas. ¿Quieres?
-Sí. -Dijo Natalia recostandose sobre mi hombro.
Yo aparte mi mano de la palanca de cambios y puse mi mano sobre su rodilla, subí lentamente la mano levantando su faldita, pero el cielo estaba muy cubierto y tampoco las luces de la ciudad no me permitían ver mucho. Y yo quería calentar más el ambiente.
-Natalia, antes no pude verte las braguitas, describeme como son.
-Son blancas, unas pequeñas braguitas de algodón talla L con unos dibujos rosas y verdes, son pequeñas flores. Tienen un pequeño encaje en los bordes y un lacito rojo delante. Las compre yo misma hace unos meses pensando en una ocasión especial. Las acabo de estrenar y las siento calentarse con mi cuerpo y humedecerse por mi flujo.
-Ya es suficiente. Te voy a enseñar lo que has provocado. - Me desabroche el pantalón y el botón, me baje la cremallera. - Con esto podrás ocupar tus manos. - Me baje un poco los pantalones y los calzoncillos sacando un poco mi pene. Luego cogí una de sus manos, tan dulces y delicadas, y la pose sobre mi miembro. Ella, tímidamente, lo reconoció y lo rodeó. Este comenzó a crecer de nuevo. Era un poco incomodo pero continuaba siendo muy
satisfactorio y me indicaba que todo iba por buen camino.

Pasamos delante de otra farmacia y me interese por su salud:
-¿Cuándo terminaste de tener la regla?
-El viernes, hace cinco días.
-Muy bien Natalia, entonces no necesitamos gomas.
Ella, con sus especiales manos, recordó y empezó a bajar y subir su mano sobre mi miembro. El cielo, que llevaba todo el día amenazando lluvia, súbitamente empezó a descargar una fuerte tromba de agua. Si la conducción había sido difícil por el centro de la ciudad ahora empeoro y, lamentandolo mucho, tuve que decirle que dejara de masturbarme. Estaba siendo delicioso, pero estaba perdiendo concentración en la conducción y era mejor esperar.
Muy concentrado en que nadie me fastidiara el coche que no tenía ni tres meses me olvide de Natalia. Un poco más adelante la descubrí masturbandose. Había separado sus piernas y una mano se perdía debajo de su falda. Se estaba metiendo un dedo y su cintura se movía al ritmo. Estaba absorta en sus maniobras. Si hubiera sido Mayra su cara se habría enrojecido, pero ella solo tenía la respiración un poco acelerada y susurraba.
Preste atención. Estaba fantaseando con que yo la penetraba y continuamente se refería a su hermana. Logre descifrar algunas frases: "Mayra es tonta""Tú eres un hombre""Esos aparatos no valen para nada al lado de un hombre""Mayra esta loca". Tenía que hablar con ella a fondo para ver que quería decir.
De pronto tuvimos un pequeño incidete y tuve que pegar un buen frenazo. Una tía loca se había venido a mi carril casi lanzandose encima de mi coche. Menuda zorra, no había pasado nada, pero Natalia dejo de meterse el dedo. Se limpio el dedo en la boca y permanecio quieta unos minutos, llegábamos a mi casa.
Salimos del coche corriendo y fuimos a refugiarnos en el portal de mi casa. Describiré mi casa ligeramente, es la típica vivienda de las afueras con dos plantas. En la planta baja estaba el salón, el comedor y la cocina y en la superior mi CUARTO. Mis padres no deberían estar en toda la tarde, mi madre quería ir de compras y mi padre la acompañaba. Quedaba un hermano, pero estaba fuera de combate, en la mili. Y si hubiera llegado algún amigo y me corta el rollo, lo mato.
Conseguí abrir la puerta a la primera y entramos. Pero la lluvia y el viento nos habían mojados completamente en el medio minutos que estaríamos fuera del coche. Daba igual, la contemple y estaba más excitante. Sin poderlo evitar le bese sus empapados labios mientras con una mano le recorría su cara y pelo y la otra se metía debajo de la falda para cogerle las nalgas. Todo chorreando y muy excitante. Ella respondió cogiendome las nalgas y atacandome con su boca. Tenía verdadera hambre y por un momento pensé en follarmela ahí mismo. Pero eso no era lo mejor y la cogí conduciendola a la cocina.
La cocina de mi casa tiene todos los electrodomésticos habituales pero yo buscaba como un loco otras cosas. Cogí primero un bote de guindas, un spray de nata, caramelo liquido,... Me volví loco pero menos mal que pare, la chiquilla era capaz de asustarse de la porquería que podía montar. A mí me encanta la mostaza... y ya estaba buscandola. Pero me controle y solo cogí además un tarro de miel.
Mi madre tiene una gran mesa de madera en la cocina para elaborar sus comidas, a mí también me sirvió para la mía.
-Vamos a desnudarnos un poco.- Le dije mientras volvía a besarla, esta vez en el cuello. Ella empezó a desabrocharse la blusa, pero yo no la deje terminar. - Bajate esa falda. - Ella se desabrochó los botoncitos y dejo deslizarse lentamente su faldita. Entre los pliegues de su blusa podía ver sus braguitas, como ella de las había descrito e hinchadas. Ella estaba tan nerviosa que movía un poco las piernas. Sus mejillas se habían sonrojado. Todo lo que más me excitaba se reunía en ella, una abultada vagina, un pelo corto y mojado, el rubor de su cara, inocencia y picardía.
Yo me puse en cuclillas y empece a recorrer lentamente su cuerpo, de abajo a arriba, con mis manos por detrás tanteando y acariciando mientras besaba sus piernas, luego vinieron sus muslos y, en un gesto que quizás me tachéis de romántico, sus braguitas. Las bese repetidamente mientras mis manos tomaban sus nalgas ligeramente húmedas. También mis labios encontraron esos paños prohibidos húmedos,
quizás por la lluvia o más bien por sus ejercicios masturbatorios en mi coche.

Seguí subiendo y deje más bese en su pecho dedicando uno a cada seno y llegue al cuello. Estuve unos instantes y subí a su barbilla y a su boca. Allí los besos dejaron de ser dulces y románticos y se convirtió en un beso salvaje y muy largos. Sentí su húmeda lengua, recorrí toda su boca y sus perfectos dientes. La primera fase llegaba a su fin.
-Esto te va a gustar.- Cogí el bote de nata y empece a moverlo.- Voy a comerte toda.
Con estas palabras vencí un pequeño miedo dado por la inexperiencia. Ella ya sabía lo que iba a hacer y sonrío.
Primero apunte a su boca y deje una pequeña montaña de nata que su lengua empezó a comer. Yo también participe del pequeño banquete. Después deje nata sobre su cuello. Abrí la blusa y metí la boca del spray entre su seno y el sostén. Repetí con el otro y baje hasta sus braguitas. Las cogí, las abrí y deje un buen pegote. Era increíble, maravilloso ver como sus ropas crecían de un segundo. Le dije que se quitara la blusa y también eche un poco de nata en su ombligo.
Tire el bote y me fije en sus axilas. Me encanta verlas depiladas. Las suyas estaban perfectas, no llegue a besarlas entonces, pero mis manos las acariciaron mientras yo comía la nata de su cuello. Una vez estuvo limpio comí de sus senos, primero levantando o bajando el sujetador, luego se los quite y pude limpiarlos completamente. Estaban totalmente endurecidos y los pezones eran grandes. Le comí también el ombligo.
Desde la boca hasta su ombligo su placer, y el mío, había ido aumentando. Cuando succione sus pezones habían alcanzado sus cotas más altas, pero sabía que aquello iba a aumentar. La nata le formaba una gran bolsa debajo de sus braguitas. Primero comí la que salía de sus braguitas en los laterales y aproveche para besar sus muslos. Sabía que aquello le debía gustar mucho y ella me dio la razón, empezó a frotarse los pechos con sus manos y a pedirme que le comiera su "coñito".
Obedecí, la eche sobre la mesa de manera que sus piernas quedaran colgando y su repleto sexo estuviera en el filo. Cogí el elástico de un lateral y lo alce metiendo luego mi lengua. Después le comí el resto de la nata sobresaliente y cogí el elástico de la parte superior. Muy lentamente comencé a bajarlas y lamer las zonas al descubierto, cuando me lleve una desagradable sorpresa, no estaba depilada. No me gustaba eso de comer pelitos y luego encontrarte uno en la boca. ¿La depilaba con un cuchillo de cocina?
Ella debió advertirlo pues ceso sus gemididos y me pregunto:
-¿Pasa algo?
Yo había parado solo un instante. Ella había pensado que haría oído a alguien venir. De todas formas dado como estaba de excitado no le puse remilgos.
-Llevaba mucho tiempo buscando un coñito como este. ¿Nunca te han dicho lo maravilloso que es?
Mentía, pero tampoco me desagradaba del todo. Comí la nata procurando no meterme sus pelos en la boca. Lentamente bajaba sus braguitas y deje al descubierto su vagina. Mientras se la descubría de nata se la describía.
-Es un coñito precioso, sus labios externos son blandos y dulces, cargados de sangre y muy apetecibles. Sus labios internos sobresalen ligeramente, parecen tímidos, cuando los separo con mi lengua apenas si dejan un pequeño camino, pero desean ser abiertos y darte placer. El olor de la nata se ahoga por su propio olor, un perfume fuerte y ligero, ¿alguna vez te has olido las braguitas? Es muy excitante. Tu clítoris permanece escondido, pero pronto lo haremos despertar. ¿Te has mirado alguna vez tu coñito? Es una maravilla, dulce y calido. Abajo está tu culito, pero más tarde nos ocuparemos de él.
Había terminado, sobre su piel quedaba dispersa aún mucha nata, pero que no estaba dispuesto a lamer por los dichosos pelos. Deslice sus braguitas abajo por sus piernas y me las quede en la mano. Se me ocurrió una idea, con este paño, de buen tacto, sabor y olor, limpie cuidadosa y cariñosamente su pubis de nata. A Natalia esto también le gustaba tal era mi habilidad. Quería que aquella tarde sucumbiera durante una temporada a mi y tener a tan atrevida chica para mi disfrute sexual.
Cuando termine le tendí sus braguitas para que las lamiera como yo había hecho con su cuerpo. Ella jugo divertida con el
las un rato, contemplandolas y gustandolas, sintiendo su propio olor.

Yo introduje mi lengua entre sus labios y comencé a penetrarlo. Su sabor salado era más fuerte e inmenso. Pero apenas si podía separar sus labios internos. Continúe un poco más.
Era momento de penetrarla, comencé a deslizar mi dedo corazón por sus labios para que se impregnaran de sus jugos y se lo lleve a la boca para que me lo lamiera y lo mojara con su saliva. Creo que en esos momentos ya estaba sudando, no por el calor de principios del verano, sino por el que ella desprendía.
-Moja también uno de tus dedos, quiero ver como te lo metes.
Dejo sus húmedas braguitas sobre su pecho, se acariciaba el pecho con una mano y bajo hasta mí su mano con uno de sus dedos impregnados de su boca. Yo desee lamer esa saliva, pero lo deje seguir su camino. La vi, a apenas unos centímetros, separar sus labios e introducir este dedo en su conducto más privado. Lo introdujo hasta la segunda falange y comenzó a moverlo. Yo seguí este movimiento con los ojos como medio minuto, después puse mi mano sobre la suya y mi dedo humedecido sobre su dedo penetrador. Ella lo comprendió y lo guió hasta el interior de su cuerpo. Con dos dedos al principio fue más difícil la penetración, me extrañaba que ella nunca hubiera pasado de allí, pero también su hermana era rara, así que debía ser propio de la familia.
Ella se estaba masturbando muy suavemente, como haría una niña en su primera vez, permanecía en silencio, sin apenas moverse. Yo le iba a enseñar.
-Natalia, lo haces muy bien, pero creo que esto te gustara más. Acariciate los pechos.
Dejo su mano y la mía lo cual avivó mis sorpresas, si hubiera estado de verdad excitada nunca habría dejado la cosa así, no habría podido parar. Yo me prepare, introduje dos dedos en su boca y después los deslice por todo su cuerpo abajo hasta llegar a su vagina. Con una mano separe sus labios mientras con la otra la penetre como nunca ella hubiera imaginado. A los pocos segundos mis dedos aumentaban su excitación y volvía a gemir. Aumentando mi velocidad sus susurros aumentaron y su cuerpo se volvía al ritmo de mis dedos.
Ella se lo estaba pasando bien por primera vez en su vida, ahora si que me pedía: -No pares, no pares. - con insistencia. Y más pronto de lo que hubiera podido pensar su cuerpo fue recorrido por una descarga eléctrica, su espalda se arqueo levantandola de la mesa y cesaron sus movimientos y gemidos con un profundo gemido de satisfacción. Toda mi mano se vio humedecida por una descarga de sus fluidos, quizás había contemplado una eyaculación femenina. Descubrí por que ella me había seducido, necesitaba rápidamente descargar su cuerpo del deseo que acumulaba. Sus labios estaban ahora más abiertos, esperandome y por su vagina hubiera podido introducir toda mi mano.
Me fije en los reflejos del orgasmo en su cara, contento por haber contribuido a él. Natalia, con los ojos cerrados, aún se estaba regocijando.
Empece a desvestirme. Cogí mi camiseta y la tire encima de su blusa. Iba a continuar cuando ella abrió los ojos y me paro.
-Deja que eso lo haga yo.
Y se incorporo. Ahora sus abundantes senos se mecían en su pecho y sentí la necesidad de acariciarlos. Los cogí con mis manos y los contuve. Sentía todo su frescor y su peso. Estaba deseando volver a saborearlos, pero Natalia me recordó que ahora me tocaba a mí. Abrió el tarro de miel y cogió una buena cantidad con la mano, lo esparció sobre su desnudo pecho y empezó a lamerlo como yo había hecho con ella.
Aquello era una gloria indescriptible. Sentía su húmeda lengua sobre cada centímetro de mi torso. Primero por el vientre, para no mancharme, luego jugo con un ombligo como yo la había enseñado. Subió y lamio la miel de sus pectorales. Pero lo mejor... Como una verdadera experta cogió entre sus labios mis pezones y tiro de ellos como si estuviera amamantando. Note como mi miembro, que hacía un rato que estaba más tranquilo, pero sin decaer del todo, volvía a engordar al máximo y a dolerme dentro de mis apretados slips. Yo deseaba apretar mis pantalones contra algo para aumentar el placer que sentía. Así que deje sus senos y empece a quitarme el cinturón. Ella lo vio y no me dejo. Aparto mis manos y comenzó una dulce tortura. Dejandome los pantalones abrochados me bajo la cremallera e introduciendo sus manos por
ella encontró mi crecido miembro y lo cogió, apretandolo. Yo no sabía cuando iba a poder soportarlo, deseaba empezar a penetrarla, abrir sus carnes con mi carne y ver si de verdad era virgen.

Ella también lo deseaba urgentemente, porque rápidamente me bajo los pantalones y los calzones. Se quedo contemplando mi miembro. Después no sabía que hacer. Lo cogió con sus manos y empezó a moverlo muy poco.
-Comemelo.
-No sé. -Empezó a titubear. - Nunca lo he hecho.
-Solo tienes que metertelo en la boca y deslizar tus labios por la piel. - Viendo su indecisión, y las ganas de follar que tenía, lo deje. - Da igual, luego te enseñare. - Cogí mi aparato y empezó a moverlo preparatoriamente. - Vuelve a tumbarte sobre la mesa.
Ella entendió a lo que me refería y con restos de miedo e inocencia empezó a prepararse.
-No, quiero ver como me penetras.
Se quedo erguida sobre la mesa, abriendo aún más las piernas y con sus manos separando sus labios vaginales. Veía su entrada claramente, aún continuaba muy abierta y aproxime mi miembro a su vagina. Pase la punta de mi húmedo capullo por su vagina, dando círculos cada vez más pequeños. Me gustaba recibir el tacto de su piel, una carne blanda, muy húmeda y cubierta de su joven vello. Después lo deje unos instantes junto debajo de su entrada y, ante su atenta mirada, le di arriba y adentro. Mi primera penetración fue sólo de tanteo, lo retire y esta vez si la penetre completamente, cuando más crecía su resistencia natural más apretaba yo y acabe introduciendome plenamente en su cuerpo.
Ella apenas pudo comprender como aquel pequeño impulso terminaba con su virginidad, un momento antes era virgen y ahora yo la estaba penetrando. Estaba sintiendo mucho más aquella primera vez, yo le enseñe que lo que se siente es producido por las repetidas, sucesivas, salvajes penetraciones. Apenas escuche su pequeño gemido saque medio pene y la volví a penetrar. Y así sucesivamente... Cada vez más rápido y como había unos minutos habían hecho mis dedos ella empezó a subir por el sendero del orgasmo.
Natalia dejo de abrirse su vagina y empezó a acariciarse los pechos. Se tendió sobre la mesa sin dejar de mirarme y contonearse. Me miraba y yo apreciaba su buen cuerpo. Mi pene bombeaba sensaciones placenteras a mi cuerpo. Cada vez que entraba en ella se me venía a la cabeza la imagen de mí mismo comiendome un pastel que era su virginidad. Yo entonces no estaba seguro de sí era virgen, pero es tan excitante desflorar a una chica, ser el primero en arrancarle gemidos de placer...
Llevamos un rato así, yo penetrandola casi con furia y ella pasandoselo muy bien. Pero yo quería hacerle más cosas, fantasías que tenía para su hermana y que pronto realizaría con ella. Era en algunas cosas muy parecidas a su hermana, tanto que en algunos momentos, entre mi gran placer, fantaseaba sobre que estaba tirandome a las dos a la vez.
Por todo esto me salí de ella y le pedí que se diera la vuelta. Ella accedió aunque con reticencias, temía que la penetrara analmente. Después de asegurarle que no se echo sobre la mesa, vi sus pechos sostenerla sobre la mesa doblando su cuerpo. Baje mi cabeza hasta la altura de su trasero y contemple. Tenía las piernas demasiado cerradas. Las cogí por los muslos y las fui abriendo. Ahora la vista era mucho mejor. Volví a coger mi miembro dispuesta a volver a penetrarla cuando vi su ano, muy cerrado y cerca de su vagina y me entraron ganas de abrirselo, pero pensé que eso podía esperar, se lo había prometido. Volví a guiar mi pene en su sexo y a introducirlo gloriosamente en su cuerpo.
Agarre con mis manos su trasero y lo lanzaba hacia mí a la vez que la penetraba. Era algo muy fuerte. Natalia estaba como poseída, jadeaba y gritaba, quería más fuerza. Aquello le dolía, pero el placer era aún mayor. Yo me eche sobre ella, quería acariciarle los pechos y sentir nuestros cuerpos pegados. También baje el ritmo, no quería irme demasiado pronto. Pegue mi cadera a su trasero y nos movimos contoneadamente. Pero era quería más.
-De acuerdo, ahora vas a mandar tu. - Le dije.
Dejamos la mesa y me senté en una de las sillas de madera de la cocina. Tenía en mi mano mi pene, enseñandoselo. Ella vino inmediatamente, sabía lo que había que hacer. Abrió sus piernas y se sentó encima de mí, dando
me la cara. Habiendo cogido mi miembro con sus manos lo conduje hasta su entrada. Allí entro sin ningún problema. Natalia empezó a subir y bajar, marcando el ritmo que más le agradaba. Yo la rodee con mis brazos y la apreté sobre mí, quería sentir sus duros pechos sobre mi torso.

Rápidamente ya me cabalgaba frenéticamente. Empece a acompañar sus gemidos por los míos. Su cuerpo se estaba cubriendo de sudor y ahora era yo el que la animaba. Me hacía daño, me lanzaba andanadas de placer cada instante. Los gemidos se convirtieron en gritos. Pronto no pude más y explote dentro de ella, llenandola con mi semen, el placer entonces me dejo exhausto, durante unos segundos solo sentí el bombeo de mi pene dentro de su cuerpo. Solo lance un apagado grito.
Natalia empezó a sentir su segundo orgasmo en unos minutos. Su cuerpo subía y bajaba, como sus gritos, sobre el mío. Pronto, una repetida serie de gritos me lo indicaron. Su movimiento se calmo y paro. Entonces se echo sobre mí para descansar unos instantes.
-¿Qué te ha parecido el polvete?
-Maravilloso, eres maravilloso. Nunca había sentido nada igual.
Sus ojos seguían reflejando el placer que había sentido. No pude dejar de besarla.
Permanecimos abrazados largos minutos, después pensé que lo mejor era llevarla a mi habitación. Ella se levantó y la contemple. Caí en la cuenta de que unas gotas de sangre afloraban por su vagina. Ella siguió mi mirada y asintió.
-Ya ves que era virgen.
-Sí, pero ha que ha merecido la pena.
Me levante, me amarre un poco el pantalón y fui a buscar un paño de cocina de papel. Pero ella se me adelantó y se seco las gotas de sangre que quedaban de su virginidad con sus braguitas.
-Las conservare como recuerdo de esta tarde. ¿Qué hora es?
Mire el reloj: - Las siete. Pero aun podemos hacer más cosas. Recoge tus cosas y vayamos a mi cuarto.
Ella obedeció y tras recoger nuestras ropas me siguió a mi habitación.
-Me gusta guardar cosas. Aún tengo las que manche por primera vez. Sin lavar. Mi madre cree que las perdí. Fue una lastima que fueran esas, eran muy bonitas.
-¿Eres la chica de las bragas bonitas?
Habíamos subido la escalera y entramos en mi habitación. Cerré la puerta. Ella la observaba, tenía muchos detalles. Yo mire la ventana, todavía estaba lloviendo. Me puse a su lado y le pase el brazo por el cuello.
-Luego podemos ir a comprarte algo de lencería. Me gustaría verte con unas braguitas de seda rosa con encajes. ¿Las eliges tu? Esta es muy bonita.
-Sí, esta es la más bonita.
-¿Se te ha cortado la sangre?
-Sí.
Yo de todas formas me agache. Quería ver su poblada vagina. Estaba sucia con unas gotas de sangre y semen.
-Pues vamos a sentarnos en la cama. Quitate los zapatos. - Nos sentamos en la cama, con las piernas entrecruzadas. Le agradaba el edredón de poliéster, imitación de seda. Estábamos completamente desnudos los dos. Ella se miraba la entrepierna.- No te preocupes, no puedes quedarte embarazada.
-Si, en el colegio nos enseña algo de eso. El método de ogino.
Pase mi mano por su vagina.
-Luego debemos arreglar esto. Cuando la vuelva a ver un chico debe estar bien afeitada. ¿Cuándo vas a la piscina te afeitas?
-Recuerdo que el año pasado me afeitaba los laterales. -Cogió mi mano y la estrecho contra su vagina. -¿Me vas a afeitar?
-Sí, te voy a dejar tu coñito como el del un bebe.
-Como el de un bebe... -Repitió ella.- ¿Y esto como lo arreglamos? -Pregunto cogiendo mi desfallecido pene.
-Luego podemos arreglarlo. Quieres follar de nuevo, quieres que te vuelva a penetrar. - Esa era la idea de traerla a mi cuarto. Me excitaba la idea de poseerla de nuevo.
-Sí, me encantaría. Dos veces en una tarde. Me gustaría que esta tarde no terminara nunca. -Me encanto sus intenciones de volver a repetir. Sin embargo, me desconcertó como se echo sobre mí para besarme. Luego me dijo: -Abrazame.
Yo me eche hacia atrás sosteniendo su cuerpo, era lo típico, debía de haberlo esperado. A las chicas les gustan, o más bien necesitan, permanecer abrazadas al chico después de follar. Natalia me echo las manos por la espalda y yo la abrace también. Era lo menos que podía hacer por una chica que me había hecho pasar tan buena tarde. Bueno,
después viene también la charla psicológica.

-¿Te gusto? -¿Qué le iba a decir?
-Mucho. No se apenas nada de ti, pero me gusta tu cuerpo, tu atrevimiento, tu libertad... Y me ha encantado que fueras virgen.
-¿Te gusta desvirgar a las chicas?
-Digamos que lo hace más excitante.
La conversación siguió por derroteos parecidos. Lamentablemente no hice demasiados esfuerzos por recordarla ni la grabe. Recuerdo que hablamos de muchísimas cosas, con los chicos con los que había salido, de como se masturba una chica y sus fantasías, grupos de música,... Pero yo tenía en la cabeza preguntarle cosas de su hermana. No se me iba de la cabeza la idea de recuperar a su hermana y desvirgarla también. Su hermana estaba más buena, pero era tan puritana. Por eso, con mucho tacto fui introduciendo el tema, hablandole de las cosas que había hecho con otras chicas, mientras la acariciaba las nalgas. Y también es importante señalar que durante todo ese tiempo ella tenía puesto su vientre sobre mi miembro, con las ganas de follar que eso me daba.
-Ha sido una lastima no preparar más tu despedida de virgen. Me hubiera gustando darte mas recuerdos. El año pasado hice una cosa muy divertida con una chica. Me la traje aquí y puse a grabar una micrograbadora que tengo mientras estuvimos haciendo el amor. Pero lo tenía pensado de antes porque la chica era muy ruidosa. ¿Quieres escuchar la grabación?
-No te muevas, después.
-Es muy divertida, la chica se enfadó bastante, pero tampoco he sido muy cabrón con ella, no se la he enseñado a nadie.
-¿Te la follaste en esta misma cama?
-Sí, te excita. Cuentame, ¿cuántas veces te has metido el dedo en tu cama? - Ella rió, aquella risa de chica preadolescente e inocente, tan diferente de lo que ella quería. Recordé algo que ella había dicho en el coche, aquel era el momento. - Y tu hermana, ¿la has visto meterse el dedo? - Ella rió, aquella risa era diferente, algo le divertía. Dudo unos instantes, debía contar el secreto o contarmelo, después de todo había confianza.
-No sé si contartelo...
-Venga, eso me excitara antes.
-Vale, pero acariciame. - Dijo. Ella estaba echada sobre mí, dandome la cara, ahora subió unos centímetros. Su boca cayo cerca de mi oído y su pubis estaba sobre el mío. Deje sus nalgas e introduje mis manos en el poblado hueco. Pasé una mano por su vagina y tantee su rajita, estaba muy húmeda y eso me excitaba. Cogí mi pene y acaricie con la punta su vagina. Me encantaba, pero a ella no.
-Con la mano, por favor. - Me dijo, yo obedecí dejando mi pene y procedí a acariciarla muy suavemente. - Así, así. Te recompensare. Mi hermana esta loca, es lesbiana. - Todo aquello me sorprendía, pero procuraba no dar muestras de ello, pues conforme más contaba más me excitaba y la idea de volver con su hermana se hacia más fuerte.








-¡Ten cuidado! Esto debe ser nuestro secreto.
-Estamos solas. Podríamos hacerlo ahora en el cuarto de papa y mama si quisié
;ramos.

-¡No! Es mejor por la noche. Me castigaran si se enteran.
-¿Entonces vendrás esta noche a mi cuarto?

-Sí, siempre que quieras mientras no tengamos la regla.



Votos: 12 « Volver


Si tenés un relato y querés publicarlo en Argentina Escorts podés mandarlo a relatos@argentina-escorts.com y a la brevedad estara en linea.

Diseño y Programación
Copyright Dinamoweb.com.ar
webmaster@dinamoweb.com.ar
Escorts Acompañantes Rubro 59

 

 

| Seo Argentina | Escorts Argentina | Rubro 59 | Ser Infiel | Estetica Barrio Norte | sitemap | Depilacion Definitiva | Mesoterapia | Ultracavitacion | Radiofrecuencia | Capsulas Termicas | Plataformas | Promociones | Blog Estetica | Notas Estetica |

Cofradia Pirata