suscribite!! y enterate todas las novedades!
keep in touch
Argentina Escorts Argentina Acompañantes Argentina Rubro 59 Argentina | Escorts Mujeres | Escorts Masajistas | Escorts Masajes | Escorts Traviesas | Escorts Travestis | Shemale Escorts | Fantasias | Escorts Hombres | Escorts Masculinos | Escorts Acompañantes | Rubro 59 | Mujeres Streapes |Escorts Streapers | Nivel Vip | Escorts Fotos Reales | Escorts Recomendadas | Ranking de Escorts | Guia de Hoteles | Chicas | Modelos | Información | Notas | Relatos |
Home
Escorts
Ranking
Buscador
Hoteles
Notas
Relatos
Links
 
Relatos


2011-08-25 - : Encuentro en el Tren « Volver


El viaje había sido un completo éxito. El hotel, elegido
al azar, resultó ser perfecto, pequeño limpio y bien situado. Londres se
portó bien con Sandra y el sol lució lo justo para sacar las mejores
fotos. Y él se había portado mejor que el tiempo incluso, entró en todas
las tiendas, sonrió en todas las fotos, llevó todas las bolsas que
pesaban... perfecto. Y el sexo ...
sencillamente increíble, tan bueno como lo recordaba, mejor incluso. La
había derretido con la mirada en cada restaurante, había aprovechado
para deslizar su mano furtivamente por su sexo expectante en cada
esquina.

Pero ahora volvía sola a casa, como siempre, él se quedaba y ella tenía que marcharse.

La ciudad todavía dormía cuando se subió al tren.
Por el anden solo se oía el replicar de los tacones de sus ........... 
botas y el ruido de las ruedas de la maleta. Le pareció que el último
vagón era el más oscuro y a ese se subió. Los asientos, colocados de
cuatro en cuatro mirándose de dos en dos, estaban tapizados de color
rojo. Se sentó en el último de la izquierda, siempre la izquierda. Dejó
su maleta apoyada en el asiento de enfrente y comenzó a quitarse capas
de ropa, hacía demasiado calor ahí. Se quedó en mangas de camisa y se
acomodó en el asiento. El tren no tardaría en salir. Un único hombre
entró en el tren; alto, moreno, llevaba un elegante abrigo negro y una
bufando roja, una pequeña maleta delata que su destino era el mismo.

Fue hasta el final del vagón y se sentó en el
penúltimo de la derecha, quedando mirando a Sandra pero en diagonal no
de frente. Con un leve gesto de la cabeza y una pequeña mirada saludó a
Sandra. Ella contestó con una pequeña sonrisa. Se puso el mp4 con su
música. Cruzó las piernas en la dirección que estaba él, dejando caer la
falda estratégicamente para que se viera el trozo de gemelo que no
tapaba la bota.

En los oídos de Sandra sonaba esa canción, en
cuanto oía los primeros acordes se encendía. No podía dejar de pensar en
todo el sexo del que había disfrutado durante el fin de semana; cada
postura, cada caricia, cada orgasmo vinieron a su cabeza haciendo que su
sexo comenzara a humedecerse. Comenzó a cantar la canción entre
susurros que se escapaban de sus labios. Movía la cabeza al ritmo de
sensual que le marcaba la música, con los ojos cerrados, se chupaba la
punta de su dedo índice y lo pasaba por sus labios como, escasas horas
antes, había hecho su amante. Se iba mojando por momentos. Casi tenía
que morderse las manos para no metérselas entre su falda.

Él la miraba perplejo, nada más entrar algo en
ella había llamado su atención, probablemente había sido su perfume,
Peter estaba obsesionado con los aromas. Observaba como los mechones
rebeldes de su nuca se movían al ritmo que su cabeza. Como sus dedos se
posaban en sus labios y como, de vez en cuando, los dientes se escapaban
para morder el labio inferior. No podía apartar la mirada. Enseguida
reconoció la canción. Notaba como su miembro empezaba a crecer por
debajo de los pantalones negros. Si seguía mirándola mucho más su
erección sería más que evidente.

Sandra no podía más, hasta notaba que la
temperatura de su cuerpo había aumentado. Abrió los ojos un momento,
justo cuando su cabeza miraba en dirección a Peter, y sus miradas se
cruzaron. Se clavaron los ojos el uno en el otro. La cara de Sandra pasó
enseguida de la sorpresa del momento, a la sonrisa lujuriosa que mostró
al ver el tamaño de la entrepierna que se dibujaba debajo del pantalón
de él.

Él le devolvió la sonrisa mientras se bajaba un
poco las gafas para mirarla por encima de ellas mientras levantaba una
ceja. Realmente un gesto vale más que mil palabras ¿no?.

Sandra se levantó enérgica y se dirigió hacia el
asiento continuo al de Peter. En esos dos o tres pasos no pensó en que
el tren hacía más paradas, o en que en cualquier momento podría pasar el
revisor, no pensó en nada más que en calmar el ansia que sentía en ese
momento.

Se sentó en el asiento de al lado. Ella abrió la
boca para decirle algo, pero él se la tapó con la suya. Sandra reaccionó
encantada, comenzó a besarle de forma salvaje, a jugar con su labio
inferior, luego comenzó a morderlo. Peter respondía igual. La cogía por
la nuca mientras la besaba empujándola hacia él. La mano de ella se
escapó hacia la entrepierna, bajando la cremallera del pantalón peleando
con el slip para encontrarse con el turgente miembro, totalmente
erecto. Le sonrió pícara. Comenzó a mover su mano por el duro falo, de
arriba abajo, despacio pero con firmeza. Peter deslizó uno de sus dedos
hasta la boca de Sandra. Ésta lo chupó encantada sabiendo lo que iba a
hacer con él. Su mano se deslizó por debajo de la falda y entre el
tanga, para su sorpresa no tuvo que abrirse camino a través de los
pantys porque llevaba medias, lo cual facilitó bastante el abordaje. Dos
de sus dedos se deslizaron por el sexo de ella y lo encontró empapado.
Peter le sonrió cuando se dio cuenta de lo húmeda que estaba su amante.
Un dedo se posó en su clítoris, un suspiro mojó los labios de Sandra.
Ella jugaba con los testículos de él, masajeándolos y dando pequeños
tirones. Él movía sus dedos sobre el clítoris de ella sin parar,
cambiando de ritmo pero sin descanso. Primero rápido, luego más despacio
pero fuerte, rápido otra vez. Los pezones de Sandra estaban duros y
expectante. Sus cuerpos, cada vez más calientes , vibraban con cada
caricia. Sandra comenzó a besarle y morderle el cuello mientras le
desabrochaba dos botones de la camisa para meterle la mano y así
pellizcarle los pezones. Bajó la cabeza hasta tenerla entre sus piernas y
comenzó a lamer aquel pene. Hasta ese momento no se había fijado en el
tamaño pero, realmente, era bastante larga y, sobretodo, ancha. Comenzó
chupando el glande y el frenillo. Él se deshacía con cada lametazo. Su
respiración se hizo entre cortada. Sandra lamió todo el falo antes de
metérselo en la boca. Comenzó a asentir con la cabeza haciendo así que
la polla entrara y saliera de boca. Peter sudaba y gemía. Se mordía el
labio para no gritar de placer. Justo en ese momento se oyó un sonido al
lado contrario del vagón. La puerta y unos pasos. En un rápido
movimiento Peter cogió el abrigo y se lo echó por encima tapando así su
pene completamente erecto. Sandra se incorporó y se arregló el pelo un
poco mientras se giraba para ver quien era. Era el revisor. Sandra miró a
Peter y le sonrió mientras se dirigía a su asiento.

El revisor se encaminó primero hacia Peter quien,
tranquilamente, pero muy sudoroso le dio el billete que sacó del
bolsillo del abrigo. Luego se dirigió a Sandra, esta sacó el billete del
bolso y se lo entregó al revisor con una sonrisa. Él se fue por donde
había venido y antes de que hubiese cerrado la puerta del vagón Sandra
estaba de pie delante de Peter, Se miraron y ambos rieron con una
carcajada que resonó en el vagón. Peter se retiró el abrigo de las
piernas para descubrir su pene, que seguía completamente erecto. Agarró a
Sandra por la cadera y la acercó hacia su cara que justo quedaba
delante de la pequeña tripita de Sandra, levantó un poco su blusa y
comenzó a lamerle lentamente el ombligo y todo su terso vientre mientras
amasaba con firmeza su culo. Sandra se dejaba hacer, jugaba con el pelo
de Peter mientras su respiración se aceleraba. Peter metió una mano por
debajo de la falda de Sandra y le arrancó el tango de un movimiento
para poder meterle un dedo hasta el fondo de su húmedo sexo. Sandra
exhaló un gemido de placer. Con la otra mano Peter buscaba un condón que
llevaba en la cartera. El cuerpo de Sandra era una hoguera, sudaba,
jadeaba cada vez más fuerte y rápido. Peter la miraba a los ojos
mientras movía frenéticamente un dedo sobre el clítoris, y con la otra
mano ayudándose de los dientes abría el condón. Con el condón en la mano
miró a Sandra levantando las cejas como pidiéndole permiso, ella afirmó
con la cabeza mientras se mordía el labio inferior. Las manos de Peter
abandonaron el cuerpo de Sandra unos segundos para colocarse el condón.
Al momento siguiente le dio la vuelta y le subió la falda. Sandra se
agachó lentamente hasta que empezó a sentir el pene de Peter rozar su
sexo. Con un hábil movimiento lo metió hasta el fondo. Ambos gimieron al
unísono. Sandra comenzó a moverse encima de él, lentamente disfrutando
con cada roce, despacio, sacándola casi por completo para volver a
meterla hasta el fondo de golpe, provocando ese maravilloso ruido que
hacen dos cuerpos desnudos que chocan con fuerza. Peter había repartido
sus manos por el cuerpo de Sandra. Una estaba en su clítoris,
agarrándolo con firmeza pero todavía sin moverla. La otra había peleado
con el sujetador para sacar el pecho izquierdo de Sandra por el escote
de la camisa y así poder estrujarlo y pellizcarlo con fuerza. Peter
inicio un movimiento frenético sobre el clítoris. El traqueteo del tren
casi marcaba su ritmo. Sandra aumentó la velocidad de su cabalgada al
igual que los gemidos y sus respiraciones. Los gemidos se convirtieron
en pequeños gritos cada vez más entrecortados. Estaba apunto de
correrse.

No pares, no pares, sigue... – aunque habló en español Peter le entendió perfectamente, y eso fue exactamente lo que hizo.

Sandra comenzó a gritar mientras se retorcía de
placer, miles de partículas bullían dentro de ella para explotar en su
vientre, un grito agudo y alto marcó el final de un grandioso orgasmo.
Cayó rendida dejando dentro de si toda la polla de Peter. Se quedó
quieta unos segundos, trago saliva para mojarse un poco la garganta.

Cogió la mano que Peter tenía en su clítoris y se
llevó el dedo a su boca, para chuparlo y empaparlo en su saliva. Volvió
a sujetar la mano de Peter y la posó en el final de su espalda
dejándola justo en la entrada de su ano. Se giró y le miró con cara de
pícara. Peter la besó con fuerza mientras empujaba uno de sus dedos por
el estrecho agujero. Sandra gimió. El dedo entró sin problemas, él lo
movía de dentro a fuera para ensanchar ese estrecho agujero.

Sandra se levantó poco a poco para sacarse el
pene de dentro, lo cogió con su mano y lo dirigió hacia atrás. Peter se
levantó un poco obligándola a levantarse a ella también. Dieron unos
pasos hacia delante agarrados de la cadera, ella con la falda levantada y
él con los pantalones por los tobillos. Se acercaron hasta el asiento
de enfrente.

Peter subió la rodilla derecha de Sandra hasta el asiento para que la apoyara y así su culo quedar á
más expuesto. Peter observó ese perfecto culo y su erección se hizo más
potente todavía. Apoyó su pene en la entrada del ano de Sandra y empujó
lentamente. Sandra soplaba despacio para relajar su entrada. Poco a
poco el pene se hizo camino por el estrecho camino de Sandra. Él comenzó
a moverse despacio mientras la agarraba por las caderas para poder
entrar y salir mejor de su cuerpo. Peter daba tres o cuatro embestidas
para después coger impulso y realizar otra embestida fuerte, hasta el
fondo, a lo bestia, provocando que Sandra gritara de placer. Peter
deslizó uno de sus manos hasta el clítoris de Sandra, que seguía
totalmente empapado, y comenzó a moverlo como había hecho escasos
minutos antes. Comenzó a bombear su sexo dentro y fuera del cuerpo de
Sandra cada vez más y más rápido; los movimientos del su dedo en el
clítoris de Sandra hacía que, de forma totalmente inconsciente, su culo
se apretara de vez en cuando provocando unas deliciosas contracciones al
miembro de Peter. Él jadeaba, sin parar de embestirla. Ella se
contorsionaba y gritaba a punto de recibir un nuevo orgasmo, él la
embestía fuerte y profundamente a punto de correrse también. Llevó una
de sus manos hasta el hombro de Sandra para poder empujar hasta el fondo
mientras le mordía la nuca a la vez que se corría. Gritó cuando dejó de
morderla mientras miraba la marca que le había dejado, y a su grito se
unió el del orgasmo de Sandra más fuerte y largo que el de antes.

Ambos quedaron un momento inmóviles, empapados de
sudor, agotados. Peter sacó su miembro de Sandra y se quitó el condón.
Sandra recogió el tanga del suelo y se dirigió hacia su asiento para
guardarlo en el bolso. El tren aminoraba, estaba llegando a su destino.

Se miraron, volvieron a sonreírse, se acercaron y
se besaron con dulzura. Ninguno de los corazones había vuelto todavía a
su ritmo normal.

I hope we meeting in the next train.- le digo Sandra en su ingles totalmente imperfecto.- el tren par ó del todo.

Peter la sonrió y la besó de nuevo.

I hope so.

Bajaron del tren; volvieron a besarse en el
arden, esta vez con más fuerza. Se miraron y volvieron a sonreírse, no
hacía falta decir nada más ambos sabían lo que el otro pensaba.

Cogieron cada uno su maleta y se fueron hacía caminos opuestos.

Ambos giraron la cabeza para ver como se alejaba
el otro. Y el cabeza de ambos resonaba la misma pregunta: ¿¿Volveremos a
encontrarnos??

Votos: 0 « Volver


Si tenés un relato y querés publicarlo en Argentina Escorts podés mandarlo a relatos@argentina-escorts.com y a la brevedad estara en linea.

Diseño y Programación
Copyright Dinamoweb.com.ar
webmaster@dinamoweb.com.ar
Escorts Acompañantes Rubro 59

 

 

| Seo Argentina | Escorts Argentina | Rubro 59 | Ser Infiel | Estetica Barrio Norte | sitemap | Depilacion Definitiva | Mesoterapia | Ultracavitacion | Radiofrecuencia | Capsulas Termicas | Plataformas | Promociones | Blog Estetica | Notas Estetica |

Cofradia Pirata