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La semana en que pasó este relato, fue de las peores que tuve… me
acuerdo que al chico con el que estaba “saliendo” no se le paró en tres
días seguidos que quisimos tener relación, y él cada vez se ponía más
nervioso y yo más frustrada. Además me sentía mal conmigo misma y me
estaba yendo mal en todo lo que hacía… necesitaba descargar con todo.Cuando
llegó el viernes, respiré hondo y me tiré en la cama para recuperarme.
No tenía ganas de mirar televisión, ni de usar internet… y menos de ver
al chico este o hablarle por teléfono.Me salvó que me llamó una
amiga mía para salir, y por suerte, ya tenía las cosas organizadas (si
había que hacerlo de cero, le decía que no). La idea era un boliche de
la zona, bastante conocido por el descontrol que se arma adentro.
Canilla libre, chicos lindos… parecía el lugar perfecto para sacarme la
mala onda de encima; y para eso tenía que romper todo.Como dije, me
vine sintiendo mal conmigo misma esa semana, así que para compensar, me
vestí para al menos lograr la admiración de los demás: bastante perra,
con una pollera bien cortita de jean, botas negras y largas, y una blusa
azul con escote amplio y la espalda y ombligo descubiertos. Además me
dejé suelto el pelo y me pinté ojos y labios. Llevaba puesta una
gargantilla que cada tanto se encajaba entre mis pechos (siempre supe
que eso calentaba) y muchas pulseras y anillos.Salí dispuesta a todo, y no iba a volver sin sexo.Apenas
entré al boliche, tomamos algo con mi amiga y el grupo de ella, y en
cuanto vi el momento, me salí de la ronda y empecé a bailar sola. Esa
noche transé con varios… no sé ni cuantos. Estaba buscando el pene
perfecto, así que a cada uno que me transaba, se la manoteaba un rato
para ver que funcionara bien (principalmente) y en lo posible que fuera
de buen tamaño. Cuando no me parecían apropiados por una o por otra
cosa, les decía que iba al baño y me perdía.Al boliche entré como a
las 2 de la mañana, y me fui a las 4 con un hombre del brazo: Ezequiel.
Un tipo moreno, alto, con rulitos y un poco de barba. Flaco y, según
toqué, de buena musculatura y un pene duro.Como le había contado que
vivía cerca, me insistió para que fuéramos a mi departamento. Ahí
apenas abrí la puerta, con todo el apuro, le tiré del pantalón hasta
arrancárselo y le rompí los botones de la camisa. Estaba sedienta, no
quise ni pasar por ninguna previa.Lo tiré en el sillón y con los
dientes le bajé el calzoncillo, con furia, como una perra peleando por
lo que es de ella… una vez que vi el pedazo, le empecé a pasar la lengua
con destreza y suavidad. Él no se la tocó, y yo tampoco le apoyé una
mano encima, todo el trabajo lo hice con la boquita sola.Desde las
bolas, suaves, rugosas y calientes, deslicé la lengua por todo el
tronco, sintiendo la textura de la venas, de la piel que iba dejando
atrás en cada centímetro… llegando al glande, deteniéndome un ratito ahí
para seguir después hasta el ombligo. Y como mi lengua, también mi
cuerpo se deslizaba, así que cuando pasé el ombligo, mis pechos (todavía
con ropa) se apoyaban en el miembro. Eze empezó a mover frenéticamente
la pelvis, rozándome con el tronco entre mis pechos apretados, y yo
gustosa los apoyaba cada vez con más peso. Intenté llevar mi boca
también, para sumar placer, y la empecé a saborear. Salada, caliente…
que rica que está… Tener un pene duro en la boca es de las cosas que más
me calientan, así que se la mamé con más fuerza. Incluso llegó a gritar
por raspársela con los dientes. Yo no me fijaba, estaba ciega de
calentura. Hasta quería verla acabar, y lamer toda la leche, revolcarme
en el semen en ese mismo momento… Y empecé a agitarla y chuparla sin
detenerme para que me la derrame toda, cuando le presté atención a mi
argollita, que a gritos me pedía pija.Me levanté, me corrí la
bombachita a un lado y con pollerita y todo me le senté encima, sin
preservativo ni nada, ya no había tiempo para eso.La bombeaba
fuerte, casi saltando con las piernas y cayéndole con todo el peso.
Quería sentirla hasta el fondo. Creo que él me decía unas cuantas cosas,
entre gemidos de placer y otros de dolor, y alguna queja… pero no le
presté atención. En ese momento se convirtió en mi pene, y nada más.Me
frotaba las tetas por encima de la ropa, y empecé a meter mis dedos
hasta llegar a mis pezones, que quedaban apenas asomados. Mi labio ya me
dolía por la fuerza de mi propia mordida, y mis ojos perdidos en el
techo, entrecerrados. Palpitando fuerte, sonrojada, caliente… Empecé a
sentir temblores de placer por mi cuerpo, entre frío y calor, y
cosquillas en los pies y el vientre. Estaba por llegar al orgasmo.Le
apoyé las manos en el pecho, saqué cola. Él me agarró los pechos con
las dos manos y le dije que use una para meterla en el ano.Con el
pene adentro, movía mi pelvis hacia atrás y hacia delante,
circularmente. Levantando apenitas la colita, para llevarla atrás, y una
vez sentada deslizarme suavemente hacia delante… una y otra y otra vez,
con delicadeza, movimientos sensuales.Los dedos de Eze ya estaban
penetrándome la cola, y mi pezón derecho complacido por sus pellizcos.
Mi orgasmo estaba cerca… tan cerca que ya no lo podía detener, aunque
quisiera.Aceleré los movimientos, me puse furiosa, loca. Estaba
despeinada, alborotada, con las tetas afuera de la ropa, sin bombacha,
sentada arriba del séptimo tipo que me había transado esa noche y a
punto de tener un orgasmo salvaje “¡AH! ¡¡Ahh!! ¡Ay… uhh…! ¡Más!...¡MAS!…¡Aaaaayy!” ¡¡acabé con toda la fuerza!! y me seguía moviendo, seguía agitando mi culo con bronca, estaba poseída de excitación “¡ACABAME ADENTRO!... ¡¡Dale… dale!!”.Mi
leche no llegaba, me incliné para tocarnos las lenguas, lo escupí
adentro de la boca, él me mordió, le chupé la oreja, y me dijo que se la
chupe. Me negué, le dije que la quería adentro, y me obedeció.Igual
bajé, me metí las bolas en la boca y con la lengua las movía de un lado
a otro, como si fueran caramelos. Metí la pija entre mis pechos y le
hice una turca ensalivada, hasta que me dijo que siga así, que pronto la
iba a tener… Ahí me monté de nuevo y no hice un solo movimiento antes
de sentir la eyaculación adentro. El calor del semen me excitó
suficiente para mover otra vez mi cola con fuerza. Le hice soltar hasta
la última gota y solo tuve que seguir un poco más, mientras seguía
parada, para mi segundo orgasmo… “Aahh… ¡sii! ¡¡lleguéee!!” el segundo fue casi tan bueno como el primero.Me
tiré para atrás, y se salió sola de adentro. Ezequiel quedó tirado en
el suelo, y yo hecha un bollo con la cabeza entre sus piernas. El pene
ya estaba flojo, pero me lo puse en la boca y lo empecé a chupar, como
si fuera una mamadera. Estaba húmeda, resbalosa. Le pasé la lengua al
frenillo y ordeñándola un poco logré sacarle una gotita de semen más…
que me la tragué, sin que Eze se diera ni cuenta.Después de eso nos dormimos como estábamos y al otro día… ¡a otra cosa!¡Lista para una nueva semana de las buenas!
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