|
Hola a todos. Me llamo Sara, quiero compartir con vosotros mi primera experiencia anal.
Ángel y yo llevábamos un año saliendo y a
ambos nos encantaba el sexo, éramos jóvenes e inexpertos cuando nos
conocimos, lo que nunca me hubiera imaginado era la extraña obsesión que
tenía el por encularme, pero aquel día iba a descubrirlo. Nada sería
igual entre nosotros después de lo que pasó.
Sus padres se iban a trabajar después de
comer y su casa se quedaba a nuestra disposición, habíamos quedado
sobre las 5 y llegué puntual. El me recibió con un largo beso mientras
con su brazo estrechaba mi cintura contra su pecho haciéndome suspirar
pensando ya en la sesión sexual que nos esperaba, me llevo a su
habitación y cerró la puerta por pura precaución. En ese momento no
imaginaba lo que iba a ocurrir ahí dentro.
Yo miraba como apagaba su portátil y
divertida me apoyaba sobre una de las puertas de su armario, subí mi
falda para dejar al descubierto mi nuevo conjunto interior blanco de
encaje, como a el le gustaba. Se giró y sus ojos se encendieron de
pasión, vino hacia mi y comenzó a besarme de nuevo, me empujó contra la
pared levantando aun más mi faldita, metió su mano entre mis piernas,
estaba muy excitada mi tanguita ya se humedecía...subió su mano por mi
cintura y llegó a mis pechos, desabrochó uno a uno los botones de mi
camisa también blanca y con las dos manos apretó mis tetas mientras
sumergía su boca en ellas, desabrochó mi sujetador y me lo quitó, lamía
mi pezones rositas como quien chupa su helado preferido. La temperatura
subía a medida que los juegos seguían, noté su polla dura y cómo
apretaba su vaquero ajustado que pronto le quité. Tocaba su paquete al
que ahora cubría solo el boxer que desapareció también rápidamente...él
se quitó su camiseta, ya estaba completamente desnudo y muy excitado, me
bajo la falda y me quedé solo con el tanguita de encaje blanco.
En ese momento me empujó aun más fuerte
contra la pared, sabía que estaba muy caliente, cada vez jadeaba más
fuerte...cogío una de mis muñecas y me la llevo a la espalda, acto
seguido hizo lo mismo con la otra, con una mano agarraba las mías que
estaban en mi espalda y con la otra acariciaba mis pechos, en un solo
movimiento me giro completamente y me quedé cara a la pared....apretó su
polla contra los cachetes de mi culo mientras yo seguía con las manos
inmovilizadas...
Note su respiración en mi nuca....con su
mano libre tiró del hilo del tanga hacia a un lado y dejo mi coñito
descubierto, yo en ese momento puse el culito en pompa, sabía que me lo
iba a hacer contra la pared, lo que no podía intuir era que no sería por
donde yo pensaba.
Humedeció su glande con saliva, y puso
un poco más en sus dedos que paso por mi coñito que estaba muy
lubricado, al verlo metió la puntita de los dedos dentro y con ese flujo
paso los dedos cerca de mi ano. A mi me extraño esa maniobra, pero
pensé que quizás quería lubricar bien toda la zona, repitió un par de
veces lo mismo y enseguida noté su glande en la entrada de mi culo.
No me dió tiempo a reaccionar ni a saber
que estaba haciendo, empezó a empujar hacia adentro, yo noté un escozor
muy grande e intenté liberarme de sus manos y girarme, esto no me
gustaba, me apretó las manos contra la espalda más fuerte y con su
cuerpo me empujó contra la pared, ahí si empecé a asustarme, acercó su
cabeza a mi oido y me susurro muy bajito "No llores, no grites, no te
resistas, te voy a follar por el culito te guste o no, no lo hagas más
difícil porque tendré que castigarte severamente y te prometo que haré
que te duela más de lo que te va doler si colaboras"....me enfadé mucho y
le insulté pidiéndole que me soltara que se acaba el juego y que hoy no
íbamos a hacer nada, su respuesta fue un azote en mi culo, ahí si me dí
cuenta de que iba en serio, no era broma, sí o sí iba a hacer de mi lo
que quisiera.
Volvió a lubricar su glande y lo apoyó
en la entrada de mi ano, empezó a empujar hacia adentro, mi culito
estaba cerrado, yo era virgen por ahí y no sabía lo que me esperaba, no
cedía, estaba tensa y nerviosa, pero cada empujón abría paso y yo notaba
mucho escozor. Al sentir que yo aflojaba mis manos el dejó de hacer
fuerza con las suyas y conseguí soltarme y salir corriendo de la
habitación, eso no lo esperaba, se quedó parado...yo aproveché para
encerrarme en el baño.
El vino detrás corriendo y dió dos
golpes a la puerta, "Sal de ahí Sara" dijo, "Te lo he advertido, te vas a
arrepentir de hacerlo más difícil, sal de una vez".
Yo estaba asustada, pero no podía hacer
nada, mi móvil estaba en la habitación, yo estaba desnuda en el baño, si
me quedaba ahí sus padres me encontrarían al cabo de unas horas, me
acerqué a la puerta y le dije: "Ángel por favor, hoy no, otro día
podemos hacerlo, me estás asustando, déjalo y te prometo que otro día si
lo intentamos", después de un minuto de silencio, dijo amablemente
"Vale amor, sal, hoy no haremos nada, se me ha ido la cabeza"....suspiré
aliviada y giré el pestillo del baño, salí y él estaba delante mía
mirándome sonriendo, me acerqué a él para besarle pero de repente noté
como si algo me hubiera roto la mejilla, fue un bofetón que me tiró al
suelo y me dejó sin respiración. No podía creerlo, me había pegado y lo
peor es que estaba a su merced.
Se abalanzó contra mi y ató mis manos en
mi espalda con una especie de cuerdas, yo empecé a gritar, estaba vez
muy fuerte y el me dió otro bofetón con más fuerza aun que el anterior
mientras dijo "Cállate". Yo lloraba, ví como sacaba cinta aislante de un
cajón y cortó un trozo, lo puso en mi boca y silenció mis llantos.
Me levantó y me llevó al salón, me tumbo
encima de la mesa de comedor, mi culo quedó totalmente expuesto para
él. En ese momento me dejó un par de minutos, no sé que hizo, volvió
rápidamente.
Traía un cinturón y una especie de tubo
de crema, acercó su cabeza hacia la mía y me dijo "Vas a pagar esta
insolencia con unos buenos azotes con el cinturón y cuando termine de
dártelos te voy a follar ese precioso culo prieto que tienes, te lo
advertí Sara que hubiera sido mejor por las buenas"
Con las mismas cogío el cinturón y lo
dobló a la mitad, lo peor de todo fue que podía verle ya que delante de
mi tenía un espejo, de repente noté un golpe en un cachete, dí un brinco
me picaba me ardía y sólo era el primero, el segundo llegó con más
fuerza, yo gritaba, no servía de nada, estaba amordazada, el cinturón se
cebaba con mi culo una y otra vez, cada vez me dolía más, creí que me
desmayaría pero no tuve tanta suerte. Hasta 30 golpes pude contar, mi
culo me ardía....por fin paró.....pero ahora venía lo peor.
Pude observar entre mis lagrimas por el
espejo que tenía enfrente como untaba la crema en su polla dura y firme,
acercó el tubo a mi culo, metió la punta y apretó, note como una
especie de liquido entraba, era lubricante.
Con su pierna separó las mías dejando
aún más expuesto mi ano, se acercó a mi y apoyó su pecho en mi espalda,
solo el roce de su cuerpo contra mis glúteos me hacía temblar del dolor
de aquellos azotes y de cómo habían dejado mi piel. Puso su glande en la
entrada de mi culo y empezó a apretar.
En ese momento sentí que me partía en
dos, su polla se abría paso a la fuerza dentro de mi apretado culo
virgen, yo lloraba y pataleaba, de nada servía, nadie podía ayudarme,
poco a poco entró en mi y se quedó un minuto inmóvil con su polla
dilatando mi ano, nunca había sentido tanto dolor, ni siquiera los
cinturonzazos se podían comparar.
Empezó a embestirme como un animal,
metía y sacaba su polla casi por completo en cada vaivén haciendo el
dolor insoportable ya que mi ano se cerraba y tenía que volver a abrirlo
nuevamente, cada vez lo hacía con más fuerza y más rápido.
No sé cuanto pudo estar así, creo que al
menos 15 minutos, que fueron los más largos de mi vida, al fin se
corrió dentro de mi, las lagrimas resbalaban por mis mejillas, me
faltaba hasta el aire, se quedó unos instantes dentro de mi mientras
descargaba su leche y al sacármela noté como su semen salía de mi ano
dolorido.
Me dejó encima de la mesa atada y
amordazada hasta que dejé de llorar, cuando paré desató mis manos, me
giró y me quitó la cinta de la boca.
Yo no era capaz de mirarle al a cara después de lo que me había hecho.
Me vestí y me fuí, no volví a llamarle, eso si, no he podido olvidar aquella tarde.
|